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El reiki es una técnica con origen japonés que se engloba dentro de la medicina oriental aunque hay que dejar claro que no tiene ninguna base científica. A pesar de ello, son muchas las personas que afirman que es completamente eficaz para reducir y eliminar la ansiedad.

Esta técnica tiene diferentes efectos en nuestro cuerpo según el tiempo que llevemos realizando las sesiones. A corto plazo (desde la primera sesión) el reiki tiene un efecto paliativo, los síntomas de la ansiedad como pueden ser el cansancio, la sensación de nerviosismo, las náuseas, los mareos, el dolor en el pecho, etc. se van a ver reducidos de forma considerable al aumentar nuestros niveles energéticos. A medio plazo (varios meses) la ansiedad se eliminará. El tiempo que tiene la ansiedad en desaparecer va a depender del grado y tipo de trastorno de ansiedad que se padezca, por lo que es necesario tener paciencia, ser constantes y no tirar la toalla inmediatamente. Si dejásemos el tratamiento aquí, con el tiempo la ansiedad volvería a invadir nuestro cuerpo, por lo que es necesario continuar con el reiki para que a largo plazo haya una sanación de la causa, es decir, para trabajar en aquello que nos causa la ansiedad y que ésta no vuelva.

reiki para la ansiedad

¿Cómo funciona el reiki para que se consigan todos estos objetivos? La medicina oriental considera que en nuestro cuerpo existe un circuito primario de energía, más conocido como meridiano, a través del cual se mueve nuestra energía vital. Todos y cada uno de nosotros estamos capacitados para mover esta energía por todo nuestro cuerpo y beneficiarnos así de sus efectos.

¿Cómo podemos mover la energía vital? Para empezar nos tumbaremos boca arriba, ya sea en el suelo o en la cama, estirando nuestro cuerpo y manteniendo los brazos a los lados del tronco. Es recomendable colocar la cabeza en la misma posición que cuando meditamos, es decir, metiendo ligeramente el mentón hacia dentro para facilitar el movimiento del aire y de la energía. Para ello podemos colocar una almohada, un cojín o una manta debajo de la cabeza para estar más cómodos en dicha posición. Ahora entornaremos los ojos o los cerraremos y comenzaremos a respirar, notando como nos vamos relajando poco a poco y como nuestra frecuencia cardíaca va disminuyendo.

La energía la comenzaremos a notar pasados unos minutos. Si alguna vez hemos meditado, o si lo hacemos con frecuencia, notaremos la energía con mucha más fuerza y más rápidamente, por lo que si aún no has meditado te animo de verdad a que lo hagas.

Si no consigues notar la energía vital, no te preocupes ni te desesperes, puedes comenzar imaginándola. Dale una forma a la energía y un color de tal forma que al verla en tu mente sientas tranquilidad, paz, relajación y confort. Por ejemplo, podemos imaginarla con la forma de una nube, redondeada y pomposa y de un azul suave y cálido. Ahora concentra toda la energía y llévala a un punto de tu cuerpo para que su efecto curativo se concentre en esa zona.

Un buen método a seguir es comenzar en los dedos de los pies y poco a poco ir moviendo la energía hacia la parte superior de nuestro cuerpo. Es posible que en algún momento notes incluso un cierto hormigueo debido a la concentración de energía vital en una zona. Hay que dedicar a cada punto o zona de nuestro organismo el tiempo necesario, sin ningún tipo de prisa. En el momento en que lleguemos a la cabeza dejaremos que la energía se vaya diluyendo poco a poco por todo nuestro cuerpo. Al terminar la sesión nos sentiremos mucho más ligeros, relajados y con mayor vitalidad.