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Desde un punto de vista más bien filosófico, podemos definir meditar como aquella forma oriental de orar y alcanzar los estados de consciencia mucho más elevados de los que conocemos, pero a nosotros nos va a interesar esta técnica porque es la mejor forma en que podemos relajarnos además de controlar nuestra respiración y a la vez ser conscientes de nuestro cuerpo y de todas las energía que fluyen por él, consiguiendo con ello que nuestros estados de ansiedad disminuyan considerablemente.

meditar

¿Cómo se medita?

De una forma muy muy general, podemos decir que meditar es sentarse encima de un cojín en cierta posición y realizar respiración profundas. Entonces ¿dónde está lo interesante? ¿cómo nos puede beneficiar tanto esta “simple” acción? Para responder a estas preguntas y entender los motivos que nos llevar a afirmar que puedes reducir tu ansiedad a través de la meditación, vamos a ir explicando como funciona a la vez que vemos cómo se medita.

Lo primero que tenemos que hacer antes de sentarnos a respirar es buscar un ambiente adecuado para meditar. Es preferible un lugar tranquilo y sin ruidos para evitar distracciones en el que nadie nos moleste. Para ambientar la habitación podemos poner música de fondo especial para la práctica de yoga, para la relajación o incluso música zen. Es aconsejable que la iluminación sea tenue, por lo que podemos colocar algunas velas por la estancia o encender una lámpara cuya luz sea suave y cálida. Para terminar podemos prender algunos inciensos de olores relajantes o encender velas aromáticas, consiguiendo con ello que ese ambiente de tranquilidad y relajación nos rodee por completo.

Cuando tengamos la habitación lista es cuando podemos sentarnos en el suelo. Si nunca has meditado quizá necesites coger un cojín o una manta doblada o enrollada y colocarla debajo de tus glúteos para no estar incómodo. Pero, ¿cómo nos sentamos?

 

Posiciones para meditar.

Existen tres posiciones para meditar que se diferencian en la colocación de las piernas:

  1. Postura del loto: cruzamos las piernas apoyando ambas rodillas en el suelo y los pies sobre el muslo contrario.
  2. Postura del medio loto: se diferencia de la anterior en que aquí sólo apoyaremos un pie sobre el muslo contrario. El otro pie descansará sobre el suelo.
  3. Postura birmana: tanto las rodillas como ambos pies descansan sobre el suelo.

En todas ellas la espalda la tendremos que mantener recta y las manos las colocaremos encima de las rodillas, con las palmas mirando hacia el techo y uniendo las yemas de los dedos índice y pulgar. Por otra parte, la barbilla la meteremos ligeramente hacia dentro, es decir, juntándola un poco al cuello. Tenemos que encontrarnos cómodos para poder relajarnos y que la meditación cumpla su tarea.

Una vez listos, relajaremos la vista entornando los ojos, sin cerrarlos, y mirando al frente. Es el momento de respirar. Las respiraciones tienen que realizarse siempre por la nariz y de una forma abdominal, inhalando de una forma profunda durante cinco o diez segundos , aguantando unos segundos el aire en nuestro interior, y exhalando de forma lenta durante otros diez o quince segundos.

Hay que tener claro que lo importante de la meditación es conseguir dejar la mente en blanco, y esto lo podemos lograr contando las respiraciones que hagamos. Por ejemplo, podemos contar hasta diez inspiraciones y cada vez que lleguemos a la número diez, volvemos a empezar. El hecho de concentrarnos en las respiraciones evitará que nuestra mente vague libremente y nos distraiga.

Al principio dejar la mente en blanco nos puede resultar complicado, pero con el tiempo comprobaremos que cada vez es más fácil realizar esta práctica. Además, tenemos que ser conscientes de que los efectos de la meditación se producen tras constancia, perseverancia y paciencia, por lo que no podemos rendirnos a la primera de cambio.