Hipnosis para tratar la ansiedad

La hipnosis es una técnica rodeada de misterio, misticismo y estereotipos debido al enfoque que la industria del cine le ha dado desde siempre pero tenemos que saber que se trata de un método de carácter psicológico de lo más natural y efectivo para tratar los trastornos de ansiedad, motivo por el cual hoy vamos a hablar de ella.

hipnosis

 

Aunque podemos reconocer los comienzos de la hipnosis en civilizaciones sumamente antiguas como puede ser la egipcia, el desarrollo clínico que se emplea hoy en día tiene su lugar en los principios del siglo XX con la figura de Milton H. Erickson. Erickson, un conocido psicólogo norteamericano comenzó a emplear la hipnosis para tratar diferentes tipos de enfermedades y dolencias como por ejemplo fobias o traumas. Gracias a este hombre la hipnosis tomó un camino cuyo sendero se sigue hoy en día y tiene un gran éxito a la hora de tratar los trastornos de ansiedad.

Este tipo de terapia está basada en una teoría que afirma que todos y cada uno de nosotros tenemos cuatro estados mentales que aceptan diferentes sugestiones o tipos de órdenes subconscientes.

Estos estados son los siguientes:

  • Estado ZO: es el estado en el que nos encontramos normalmente, es decir, un estado de plena conciencia que tiene lugar cunado estamos despiertos. Aquí somos totalmente conscientes de lo que hacemos y decimos y no aceptamos ningún tipo de sugestión.
  • Estado Z1: en este estado comenzamos a aceptar algunas sugestiones, pero solamente las positivas, y a través de estas nos pueden llevar a un estado de hipnosis.
  • Estado Z2: aquí es donde trabaja realmente la hipnosis. Esta terapia trabaja la parte subconsciente de nuestra mente y es en el estado Z2 en el que aceptamos con más facilidad las sugestiones que nos pueden ayudar a cambiar ciertos aspectos de nuestros pensamientos y con ello se consigue por lo tanto que enfermedades como los trastornos de ansiedad vayan remitiendo hasta desaparecer por completo.
  • Estado Z3: es un estado de sueño profundo en el que no es posible ningún tipo de conexión de la persona que lo está experimentando con su alrededor, por lo que es imposible que la hipnosis pueda trabajar con este estado.

Aunque nos pueda parecer raro o extraño, todos los días podemos pasar por todos estos estados, pero sobre todo se dan cuando nos sometemos a una sesión de hipnosis.

¿Cómo se aplica la hipnosis a los trastornos de ansiedad? Para empezar hay que decir que las sesiones de hipnosis son muy relajantes, por lo que solamente con este hecho se van a estar reduciendo los síntomas de la ansiedad. Muestra de esta relajación es que cuando una persona está hipnotizada sus constantes vitales son más lentas.

Aparte de la relajación, la hipnosis es efectiva en los casos de ansiedad debido a que estos trastornos suelen estar alimentados por pensamientos negativos incontrolables para la persona que los sufre. Este tipo de pensamientos se generan por tanto en la zona subconsciente de la mente, y es precisamente ésta en la que la hipnosis tiene un mayor efecto. Esta técnica puede modificar estos pensamientos, lo que tiene como resultado una eliminación del problema que causa el trastorno de ansiedad.

 

Reduce tu ansiedad a través de la meditación

Desde un punto de vista más bien filosófico, podemos definir meditar como aquella forma oriental de orar y alcanzar los estados de consciencia mucho más elevados de los que conocemos, pero a nosotros nos va a interesar esta técnica porque es la mejor forma en que podemos relajarnos además de controlar nuestra respiración y a la vez ser conscientes de nuestro cuerpo y de todas las energía que fluyen por él, consiguiendo con ello que nuestros estados de ansiedad disminuyan considerablemente.

meditar

¿Cómo se medita?

De una forma muy muy general, podemos decir que meditar es sentarse encima de un cojín en cierta posición y realizar respiración profundas. Entonces ¿dónde está lo interesante? ¿cómo nos puede beneficiar tanto esta “simple” acción? Para responder a estas preguntas y entender los motivos que nos llevar a afirmar que puedes reducir tu ansiedad a través de la meditación, vamos a ir explicando como funciona a la vez que vemos cómo se medita.

Lo primero que tenemos que hacer antes de sentarnos a respirar es buscar un ambiente adecuado para meditar. Es preferible un lugar tranquilo y sin ruidos para evitar distracciones en el que nadie nos moleste. Para ambientar la habitación podemos poner música de fondo especial para la práctica de yoga, para la relajación o incluso música zen. Es aconsejable que la iluminación sea tenue, por lo que podemos colocar algunas velas por la estancia o encender una lámpara cuya luz sea suave y cálida. Para terminar podemos prender algunos inciensos de olores relajantes o encender velas aromáticas, consiguiendo con ello que ese ambiente de tranquilidad y relajación nos rodee por completo.

Cuando tengamos la habitación lista es cuando podemos sentarnos en el suelo. Si nunca has meditado quizá necesites coger un cojín o una manta doblada o enrollada y colocarla debajo de tus glúteos para no estar incómodo. Pero, ¿cómo nos sentamos?

 

Posiciones para meditar.

Existen tres posiciones para meditar que se diferencian en la colocación de las piernas:

  1. Postura del loto: cruzamos las piernas apoyando ambas rodillas en el suelo y los pies sobre el muslo contrario.
  2. Postura del medio loto: se diferencia de la anterior en que aquí sólo apoyaremos un pie sobre el muslo contrario. El otro pie descansará sobre el suelo.
  3. Postura birmana: tanto las rodillas como ambos pies descansan sobre el suelo.

En todas ellas la espalda la tendremos que mantener recta y las manos las colocaremos encima de las rodillas, con las palmas mirando hacia el techo y uniendo las yemas de los dedos índice y pulgar. Por otra parte, la barbilla la meteremos ligeramente hacia dentro, es decir, juntándola un poco al cuello. Tenemos que encontrarnos cómodos para poder relajarnos y que la meditación cumpla su tarea.

Una vez listos, relajaremos la vista entornando los ojos, sin cerrarlos, y mirando al frente. Es el momento de respirar. Las respiraciones tienen que realizarse siempre por la nariz y de una forma abdominal, inhalando de una forma profunda durante cinco o diez segundos , aguantando unos segundos el aire en nuestro interior, y exhalando de forma lenta durante otros diez o quince segundos.

Hay que tener claro que lo importante de la meditación es conseguir dejar la mente en blanco, y esto lo podemos lograr contando las respiraciones que hagamos. Por ejemplo, podemos contar hasta diez inspiraciones y cada vez que lleguemos a la número diez, volvemos a empezar. El hecho de concentrarnos en las respiraciones evitará que nuestra mente vague libremente y nos distraiga.

Al principio dejar la mente en blanco nos puede resultar complicado, pero con el tiempo comprobaremos que cada vez es más fácil realizar esta práctica. Además, tenemos que ser conscientes de que los efectos de la meditación se producen tras constancia, perseverancia y paciencia, por lo que no podemos rendirnos a la primera de cambio.

La ansiedad en la adolescencia

la ansiedad en la adolescencia

Aunque la ansiedad es un trastorno que puede afectar a personas que se encuentren en cualquier grupo de edad, no afecta de la misma forma a un niño que a un adolescente o a una persona adulta. Además, las causas de los trastornos de ansiedad no son exactamente iguales en todos estos grupos. Por ello, hoy vamos a ver cómo afecta la ansiedad a los adolescentes.

¿Qué consideramos como persona adolescente? De una forma teórica, la adolescencia es el periodo que va desde los trece a los diecinueve años, pero desde un punto de vista más práctico, y teniendo en cuenta la forma en que se desarrolla la sociedad de hoy en día, vamos a alargarlo hasta los veintiuno.

Durante estos ocho años de juventud, el cuerpo humano acumula muchas tensiones. Desde un punto de vista biológico, los adolescentes cuentan con una gran cantidad de energía además de que en su interior se producen muchos cambios, sobre todo a nivel hormonal. Desde un punto de vista social y psicológico, existe un gran número de grupos sociales que trata de imponer nuevos valores en ellos, como los padres, los profesores y los amigos, generando muchas veces conflictos entre ellos.

Debido a estas influencias tanto de la sociedad como de la naturaleza, la ansiedad se puede manifestar en función de la personalidad del adolescente y de la fuerza que ellas ejercen sobre él.

Los síntomas más comunes de ansiedad que podemos observar en una persona adolescente son:

  • exceso de perfeccionismo.
  • constante necesidad de aprobación por parte de un adulto.
  • insomnio.
  • hiperventilación.
  • bloqueo mental en algunas situaciones.
  • mareos.
  • sensación de nerviosismo.
  • sudoración excesiva.
  • dolor en el pecho.

La primera forma en que se puede percibir que un adolescente sufre algún tipo de trastorno de ansiedad es fijándonos en su rendimiento académico y notando que ha disminuido de forma considerable, ya que un adolescente con ansiedad será incapaz de demostrar su total potencial en los estudios, contradiciendo los valores que se le intentan promover de aspirar a lo máximo que pueda dentro de la escala social.

Por otra parte, todo lo que consiga, y no consiga, durante estos años va a influir de forma directa en su comportamiento durante la siguiente etapa de su vida, la madurez. Si no se corrige el trastorno de ansiedad de una persona adolescente, ésta va a seguir manifestando esa ansiedad durante las etapas posteriores, siendo en éstas más difícil de tratar y eliminar.

A la hora de prevenir los trastornos de ansiedad en los adolescentes, es recomendable que prestamos atención a la educación que esta persona está recibiendo, ya sea desde la posición de padre como desde la de profesor. Es evidente que todos queremos y deseamos lo mejor para nuestros hijos, como que desarrollen unos valores éticos, que sean los primeros de su clase, que estudien una carrera con futuro o que consigan un buen trabajo para poder desarrollar otros aspectos de su vida sin preocuparse por el dinero, pero tenemos que saber como educarles para ello ya que no es tan fácil como podemos pensar en un primer momento al influir en ellos tantos aspectos que no podemos controlar de la forma en que nos gustaría.

 

Reiki para la ansiedad

El reiki es una técnica con origen japonés que se engloba dentro de la medicina oriental aunque hay que dejar claro que no tiene ninguna base científica. A pesar de ello, son muchas las personas que afirman que es completamente eficaz para reducir y eliminar la ansiedad.

Esta técnica tiene diferentes efectos en nuestro cuerpo según el tiempo que llevemos realizando las sesiones. A corto plazo (desde la primera sesión) el reiki tiene un efecto paliativo, los síntomas de la ansiedad como pueden ser el cansancio, la sensación de nerviosismo, las náuseas, los mareos, el dolor en el pecho, etc. se van a ver reducidos de forma considerable al aumentar nuestros niveles energéticos. A medio plazo (varios meses) la ansiedad se eliminará. El tiempo que tiene la ansiedad en desaparecer va a depender del grado y tipo de trastorno de ansiedad que se padezca, por lo que es necesario tener paciencia, ser constantes y no tirar la toalla inmediatamente. Si dejásemos el tratamiento aquí, con el tiempo la ansiedad volvería a invadir nuestro cuerpo, por lo que es necesario continuar con el reiki para que a largo plazo haya una sanación de la causa, es decir, para trabajar en aquello que nos causa la ansiedad y que ésta no vuelva.

reiki para la ansiedad

¿Cómo funciona el reiki para que se consigan todos estos objetivos? La medicina oriental considera que en nuestro cuerpo existe un circuito primario de energía, más conocido como meridiano, a través del cual se mueve nuestra energía vital. Todos y cada uno de nosotros estamos capacitados para mover esta energía por todo nuestro cuerpo y beneficiarnos así de sus efectos.

¿Cómo podemos mover la energía vital? Para empezar nos tumbaremos boca arriba, ya sea en el suelo o en la cama, estirando nuestro cuerpo y manteniendo los brazos a los lados del tronco. Es recomendable colocar la cabeza en la misma posición que cuando meditamos, es decir, metiendo ligeramente el mentón hacia dentro para facilitar el movimiento del aire y de la energía. Para ello podemos colocar una almohada, un cojín o una manta debajo de la cabeza para estar más cómodos en dicha posición. Ahora entornaremos los ojos o los cerraremos y comenzaremos a respirar, notando como nos vamos relajando poco a poco y como nuestra frecuencia cardíaca va disminuyendo.

La energía la comenzaremos a notar pasados unos minutos. Si alguna vez hemos meditado, o si lo hacemos con frecuencia, notaremos la energía con mucha más fuerza y más rápidamente, por lo que si aún no has meditado te animo de verdad a que lo hagas.

Si no consigues notar la energía vital, no te preocupes ni te desesperes, puedes comenzar imaginándola. Dale una forma a la energía y un color de tal forma que al verla en tu mente sientas tranquilidad, paz, relajación y confort. Por ejemplo, podemos imaginarla con la forma de una nube, redondeada y pomposa y de un azul suave y cálido. Ahora concentra toda la energía y llévala a un punto de tu cuerpo para que su efecto curativo se concentre en esa zona.

Un buen método a seguir es comenzar en los dedos de los pies y poco a poco ir moviendo la energía hacia la parte superior de nuestro cuerpo. Es posible que en algún momento notes incluso un cierto hormigueo debido a la concentración de energía vital en una zona. Hay que dedicar a cada punto o zona de nuestro organismo el tiempo necesario, sin ningún tipo de prisa. En el momento en que lleguemos a la cabeza dejaremos que la energía se vaya diluyendo poco a poco por todo nuestro cuerpo. Al terminar la sesión nos sentiremos mucho más ligeros, relajados y con mayor vitalidad.

Relación entre la norepinefrina y la ansiedad

La norepinefrina, también conocida como noradrenalina, es una molécula fundamental en nuestro organismo que puede tener funciones como hormona y como neurotransmisor, teniendo ambas importancia en los trastornos de ansiedad.

La norepinefrina como hormona cobra importancia por ser una de las hormonas del estrés afectando a la amígdala central, parte de nuestro cerebro que se encarga de la atención y del control de las respuestas a los estímulos externos. Por otra parte, cuando actúa como neurotransmisor se encarga de controlar el ritmo cardíaco, siendo mayor la frecuencia cardíaca cuanto mayores son los niveles de norepinefrina en nuestro organismo.

No siempre actúa en solitario. La norepinefrina se asocia a otras moléculas para cumplir otras funciones en el sistema nervioso. Por ejemplo, cuando actúa junto a la epinefrina interviene en las reacciones que tiene nuestro cuerpo ante aquellas situaciones que nos hacen huir o luchar, aumentando con ello el ritmo cardíaco y acelerando nuestras constantes vitales.

Estas funciones de la norepinefrina hacen que sea una molécula que esté relacionada con los trastornos de ansiedad, ya que una alteración en sus niveles puede tener graves consecuencias en el sistema nervioso y aumentar los niveles de ansiedad considerablemente.

relacion entre la norepinefrina y la ansiedad

Por lo tanto, tenemos que un exceso de norepinefrina va a provocar respuestas en nuestro organismo como un ritmo cardíaco acelerado, un aumento de la presión sanguínea y una mayor sudoración, sobre todo de las palmas de las manos. También es la responsable de los ataques de pánico y los problemas de concentración. Los ataques de pánico tienen lugar cuando los niveles de norepinefrina aumentan de forma considerable y de manera repentina.

Otros síntomas muy comunes que tienen lugar cuando se da este exceso de norepinefrina en nuestro cuerpo son mareos, náuseas, sensación de desmayo, falta de aire al respirar, hormigueo en manos y pies, y dolor o presión en el pecho.

Por otra parte, el déficit de norepinefrina está relacionado con la depresión. Esto provoca que antes de recibir cualquier tipo de tratamiento farmacológico para nuestro trastorno de ansiedad vamos a tener que someternos a diferentes pruebas para saber si nuestra ansiedad se debe a una depresión, si la ansiedad nos está provocando una depresión o si lo que padecemos es un trastorno de ansiedad sin que haya depresión de por medio.

Otros neurotransmisores igualmente importantes que tienen una relación directa con la ansiedad son la dopamina, el ácido gamma aminobutírico (GABA), el glutamato, la serotonina o la acetilcolina. Algunos como la serotonina van a cobrar más importancia que otros, pero siempre va a ser necesario que los niveles de todos ellos sean los correctos para un buen funcionamiento de nuestro sistema nervioso.

Si sospechas que una alteración de alguno de estos neurotransmisores puede ser el responsable de tu trastorno de ansiedad, lo más recomendable es que acudas a un especialista del sector y le cuentes tus dudas y preocupaciones para que te mande las pruebas oportunas y ayudarte a deshacerte de la ansiedad.

Sensación de irrealidad cuando se padece ansiedad

Dentro de los síntomas de la ansiedad más comunes podemos encontrar los mareos, las náuseas, las palpitaciones y taquicardias, la sudoración excesiva, los temblores de las articulaciones, y también la sensación de irrealidad.

sensacion de irrealidad cuando se padece ansiedad

Las personas que tienen esta sensación de irrealidad pueden llegar a pensar incluso que se están volviendo locas y que van a perder el control de su cuerpo. Evidentemente, esta sensación es muy desagradable para quien la sufre, por eso creo necesario hablar de ella para saber reconocerla y conocer algunas técnicas para controlarla e incluso evitarla cuando comienza a producirse.

Podemos definir la sensación de irrealidad como una alteración de la percepción de lo que nos rodea que provoca que nos parezca que el mundo es irreal o cuanto menos, extraño. Esta sensación no es exclusiva de los trastorno de ansiedad, también podemos encontrarla en individuos con otros tipos de trastornos neurológicos como por ejemplo la epilepsia. También puede deberse a los efectos secundarios de algún medicamento que estemos tomando e incluso puede deberse a la falta de sueño y descanso.

Para entender como se siente una persona que está padeciendo un episodio de irrealidad tenemos que pensar que ese individuo ve todo lo que hay a su alrededor como si no fuera real y se encontrase dentro de una película, por ejemplo, es frecuente que los objetos se vean en dos dimensiones en lugar de tres, que se vean con un tamaño que no es el real o que no se vean como algo sólido. También es frecuente que la persona sienta que está viendo el mundo a través de un vidrio, como si fuera un simple espectador.

Desde el punto de vista fisiológico, la sensación de irrealidad cuando se padece ansiedad tiene una clara explicación. Sabemos que los trastornos de ansiedad provocan alteraciones en el sistema nervioso y en ciertas hormonas como la serotonina y la norepinefrina. Dentro de estas alteraciones podemos encontrar un cierto retraso en el procesamiento de la información que nuestro organismo obtiene del exterior. Este retraso es el que provoca la sensación de irrealidad.

La sensación de irrealidad suele aparecer y desaparecer de golpe y puede generar un ataque de pánico en la persona al creer que está perdiendo el control. Normalmente no suele durar mucho tiempo, pero en los casos más graves hemos visto que esta sensación ha durado días, semanas, incluso meses, provocando una terrible sensación de angustia y ansiedad en el individuo. Para evitar que la situación empeore lo más recomendable es acudir a un especialista del sector cuanto antes.

Cuando sintamos que empezamos a perder el control y que todo a nuestro alrededor se va tornando irreal, hay que intentar no perder los nervios. Una buena técnica que ayuda a reducir los síntomas de la ansiedad y a sentir que tenemos el control de nuestro cuerpo es realizar ejercicios de respiración y relajación en cuanto notamos el comienzo de alguno de los síntomas. Estos ejercicios son muy fáciles de aprender y muy valiosos.

Fuente de Información: Síntomas de Ansiedad.

Efecto de la dopamina en la ansiedad

efecto de la dopamina en la ansiedad

Los neurotransmisores son sustancias químicas que se encargan de transmitir las señales de una neurona a otra por medio de la sinapsis. El mal funcionamiento de muchos de ellos está directamente relacionado con los trastornos de ansiedad. Podemos destacar una serie de neurotransmisores que están relacionados con la ansiedad como pueden ser la serotonina, la norepinefrina, el GABA, o la dopamina.

Como hemos dicho, la dopamina es un neurotransmisor, y sus funciones afectan al sistema nervioso central. La gran mayoría de las funciones de este neurotransmisor tienen lugar en el cerebro y guardan una estrecha relación con el comportamiento, la cognición, la memoria, la atención, el sueño, e incluso el movimiento, motivo por el cual de una forma u otra un mal funcionamiento de la dopamina puede desencadenar un trastorno de ansiedad.

En nuestro organismo contamos con diferentes tipos de receptores celulares de la dopamina llamados D1, D2, D3, D4 y D5. El D1 tiene un efecto activador mientras que el D2 lo tiene inhibidor. Ambos actúan sobre la amígdala, conjunto de núcleos de neuronas que se encuentra en la profundidad de los lóbulos temporales del cerebro y su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de las emociones. Por otro lado tenemos los receptores D3, D4, D5 y sus variantes.

Se han realizado un gran número de estudios en los que se ha comprobado que los mecanismos en los que interviene la dopamina no son los mismos en la modulación de respuestas de ansiedad condicionada y en la modulación de respuestas de ansiedad no condicionada. Veamos a qué nos referimos con “ansiedad condicionada” y “ansiedad no condicionada”.

La ansiedad condicionada es aquella que se presenta cuando las respuestas autonómicas, como pueden ser los mareos, la falta de aire, las palpitaciones y taquicardias, la sudoración excesiva, las molestias estomacales, etc., se producen al estar el individuo en presencia de un estímulo externo. Por ejemplo, en una persona con aracnofobia el estímulo externo sería una araña.

Por otra parte, la ansiedad no condicionada es aquella que se presenta cuando estas mismas respuestas se producen sin necesidad de estar el individuo en presencia de estímulo alguno. Solamente será necesario un miedo intenso o un temor interno de la persona, como puede ocurrir por ejemplo en aquellos individuos que tienen miedo a volar.

En uno de estos estudios, dirigido por el doctor Miguel Pérez de la Mora y realizado por el grupo de investigación del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México, se comprobó que cuando se bloqueaban los recepptores del tipo D1 y por lo tanto la dopamina no actuaba, el individuo sentía un efecto ansiolítico y tranquilizador. Si se hacía lo contrario, es decir, estimular dichos receptores con el fin de que las cantidades de dopamina fueran mucho más elevadas en el organismo del individuo, se generaba un efecto excitante. Además, también se observó que estas dos respuestas eran iguales tanto en los casos de ansiedad condicionada como en los de ansiedad no condicionada.

En este mismo estudio también se hicieron comprobaciones con los receptores del tipo D2. Aquí los resultados eran claramente diferentes dependiendo de si se trataba de ansiedad condicionada o de ansiedad no condicionada. En el primer caso la dopamina generaba ansiedad en estos receptores, mientras que en el segundo la dopamina generaba un efecto ansiolítico.

La dopamina también regula otras funciones del organismo, por lo que se puede ver involucrada en otras alteraciones o trastornos como por ejemplo la esquizofrenia, relacionada con niveles altos de este neurotransmisor, o el Parkinson, relacionada con niveles bajos.

La ansiedad en los niños

Al igual que los adultos, los niños pueden padecer diferentes tipos de trastornos de ansiedad en sus primeros años de vida. Bien es conocido por todos que los niños tienen miedos y temores que van evolucionando y cambiando a medida que ellos crecen y maduran. Esto es completamente normal, y no debe ser motivo de preocupación ya que nos está indicando que el niño va tomando conciencia poco a poco del mundo que le rodea y de sí mismo.

Estos miedos y temores pueden comenzar a tener lugar a partir de los ocho meses de edad, cuando los todavía bebés pasan por aquello que llamamos “extrañar”, es decir, se angustian cuando están ante caras no conocidas para ellos. Con el tiempo veremos que aparecen nuevos miedos y temores en los niños como puede ser el miedo a la oscuridad, el miedo a los monstruos, el miedo a que les dejemos solos, e incluso el miedo a la muerte. Al ser estos miedos una evolución normal en los niños, observaremos como poco a poco van desapareciendo. En el caso de que no desaparezcan es cuando es probable que nos estemos enfrentando a un trastorno de ansiedad en la niñez.

la ansiedad en los niños

Como también pasa en los adultos, los niños pueden sufrir diferentes tipos de trastornos de ansiedad entre los que podemos encontrar los siguientes:

  • Trastorno de Ansiedad Generalizada: veremos como los niños sufren una gran preocupación y angustia en situaciones y momentos del día a día que van a ir variando con el paso del tiempo. Los síntomas más comunes que muestran los niños que padecen este trastorno son el mal humor, cansancio, berrinches y pataletas cuando se enfrentan a algo nuevo para ellos.
  • Trastorno de Ansiedad por Separación: tiene lugar cuando los niños muestran una preocupación excesiva ya sea relacionada con el estado de salud o con la seguridad de las personas que no se encuentran con él cuando está fuera de su hogar o de aquellos sitios a los que le solemos llevar. Es probable que el niño se niegue por ejemplo a ir al colegio y que presente quejas somáticas cuando se acerca el momento de la separación. También es común en estos casos de trastorno de ansiedad por separación que los niños se empeñen en dormir en la cama de sus padres por miedo a estar solos.
  • Trastorno de Pánico: es muy parecido al que sufren los adultos. Los síntomas más comunes que presentan los niños en estos casos son una sudoración excesiva, mareos, náuseas, temblores de las extremidades, falta de aire al respirar…
  • Trastorno Obsesivo Compulsivo: en los niños, las compulsiones más frecuentes son el lavado de las manos, la necesidad de contar y la realización de algún tipo de ritual antes de irse a dormir.
  • Fobia Social: normalmente, cunado un niño presenta fobia social, lo suele hacer acompañado de depresión. El gran miedo de los niños con este tipo de fobia es la humillación pública y la crítica. Cuando esto tiene lugar observaremos como el niño tiene un berrinche con el fin de evitar la situación que no quiere experimentar.
  • Fobias Específicas: los miedos más comunes que padecen los niños son los siguientes: a la oscuridad, a dormir, a los animales y al colegio.

Ante la duda de que nuestro hijo esté padeciendo alguno de estos trastornos de ansiedad, lo más recomendable es acudir a un especialista del sector para que lo evalúe y ponerle un tratamiento cuanto antes con el fin de eliminar su ansiedad lo antes posible. De otro modo, si lo dejamos pasar, el trastorno puede ir agravándose con el tiempo e incluso estar presente en la edad adulta del niño.

La ansiedad a través de la escritura

escritura y ansiedad

La grafología estudia el tipo de escritura que una persona tiene, y a través de ésto podemos conocer a una persona desde un punto de vista muy profundo, tanto, que incluso es posible saber la personalidad de dicho individuo, su carácter, cómo se encuentra psicológicamente, la naturaleza de sus emociones, su inteligencia, sus aptitudes profesionales… Dicho de otra forma, con la grafología es como si abriéramos una pequeña ventana con vistas al interior de una persona, por lo que es posible conocer si está padeciendo algún trastorno de ansiedad.

Para realizar un estudio grafológico obteniendo resultados fiables, es necesario tener acceso a una muestra de escritura de un mínimo de quince líneas. Es imprescindible que este texto no sea una copia, es decir, el individuo deberá escribir sobre aquello que más le apetezca o sobre algo que desee sacar de su interior a través de la escritura para poder tener acceso así a su yo más profundo. Además, al finalizar el texto, éste debe ser firmado con el fin de conocer más la personalidad de la persona.

Dentro de la grafología encontramos diferentes especialidades: fisiológica, médica, emocional, psicológica, empresarial, infantil, grafometría… Cada una de ellas enfocada a un campo muy específico para determinar ciertas características del individuo. Pero a nosotros nos interesa saber cómo se analiza si una persona padece ansiedad o cualquier otro tipo de trastorno. Para ello se estudia:

  • Tamaño de la escritura:
    • Si la letra es muy pequeña quiere decir que la persona tiene la autoestima más bien baja y no se siente muy cómoda en presencia de otras personas.
    • Si la letra es irregular, es decir, si tiene diferentes alturas, quiere decir que la persona es inestable y no sabe controlar sus emociones.
  • Inclinación de las letras:
    • Si la escritura es oscilante, es decir, unas letras van hacia delante, otras hacia atrás y otras rectas, significa que la persona se encuentra en una lucha interna continua y tiene que madurar.
  • Presión de la escritura:
    • Si la presión que ejerce la persona sobre el papel cuando escribe es muy leve, significa que no cuenta con fuerza suficiente para enfrentarse a cualquier problema que se cruce en su vida.
  • Agrupamiento de las letras:
    • Si las letras están desligadas nos quiere decir que la persona tiene problemas de integración con el entorno que la rodea.
  • Dirección de las líneas de escritura:
    • Si las líneas son descendentes significa que la persona se encuentra en un momento de su vida en el que predomina el cansancio por una serie de disgustos.
    • Si esta es la forma en la que suele escribir la persona, nos quiere decir que no sabe cómo enfrentarse a los problemas, ni a la vida en general, y suele tirar la toalla a la primera de cambio.

Para terminar este post dejaremos caro que existen dos posturas acerca de la grafología. Por un lado tenemos a un número importante de científicos que argumentan que esta técnica no sigue los postulados de un método científico ya que los resultados dependen del tamaño de la muestra que se coja para el estudio y además carece de estandarización y de un cuerpo de datos con un volumen suficiente. Estos científicos también argumentan que se han realizado muchos estudios en los que se ha demostrado que a través de la forma de la escritura de una persona no se puede determinar su personalidad. Por otro lado tenemos lo defensores de la grafología, tan importantes en número como los anteriores, que se basan en la evidencia anecdótica. Por su parte, este grupo de profesionales también han realizado muchos estudios que al contrario que los anteriores sí certifican la validez de este método que es la grafología.

Ácido fólico y ansiedad

El ácido fólico, también conocido como vitamina B9, es una vitamina hidrosoluble del complejo B que es básica para la formación de nuevas células, de proteínas estructurales y de hemoglobina además de influir directamente en la disminución de la homocisteína en el cerebro. También interviene en algunos procesos relacionados con el sistema cardiovascular y el sistema nervioso.

Su déficit en nuestro organismo no suele ser muy normal, pero cuando esta situación se da es posible que aparezcan enfermedades como la anemia, ciertas enfermedades cardíacas, algunos tipos de cáncer, e incluso depresión y trastornos de ansiedad.

Cuando nuestro cuerpo comienza a faltarle ácido fólico es probable que comencemos a padecer síntomas como la falta de apetito, diarrea, cefaleas, sensación de malestar general, taquicardias y palpitaciones, desórdenes de conducta e irritabilidad y mal humor.

Ácido fólico y ansiedad

Podemos aumentar la cantidad de ácido fólico en nuestro organismo a través de suplementos en pastillas o modificando ligeramente nuestra dieta cotidiana y adaptándola a aquellos alimentos ricos en vitamina B9. Estos alimentos son los siguientes: las legumbres, los cereales, sobre todo los integrales, las verduras, sobre todo las de hoja verde, y algunas frutas como por ejemplo las naranjas. Por lo tanto, con una alimentación equilibrada las cantidades de ácido fólico en nuestro cuerpo deberían estar dentro de los límites adecuados.

En relación con los trastornos de ansiedad y los casos de depresión, el ácido fólico es importante ya que, tal y como hemos mencionado al comienzo de este post, ayuda a reducir el efecto de la homocisteína en el cerebro.

¿Qué es la homocisteína? Un aminoácido azufrado que interviene en la trasferencia de grupos metilo en el metabolismo celular. Un exceso de homocisteína puede provocar daños en las neuronas. El ácido fólico regula diferentes vías metabólicas, por lo que hay podemos encontrar su relación con la homocisteína y por lo tanto con los trastornos de ansiedad y depresión.

Se han realizado diferentes estudios científicos en los que se ha demostrado que la vitamina B9 provoca que la recuperación de personas con trastornos de ansiedad y depresión sea mucho más rápida. Además, ayuda a mejorar y disminuir ciertos síntomas que provocan estos trastornos, como por ejemplo la falta de apetito o los problemas digestivos.

Aunque sea complicado que se produzca un déficit de ácido fólico en nuestro organismo, no es algo imposible, por lo que nos conviene conocer aquellas causas que pueden provocar este déficit: el abuso de sustancias como el alcohol, el tabaco, los estrógenos, los antiácidos, los extractos pancreáticos y el abuso de fármacos como el ácido acetilsalicílico son algunas de las causas más comunes. También tenemos que en cuenta que el calor destruye esta vitamina y que su déficit puede ocurrir por un exceso de metales pesados. Por último, y como causa más común, está la mala alimentación que hemos comentado.

Por otra parte existen una serie de fármacos que intervienen en la absorción de la vitamina B9 que provocan una reducción de ácido fólico que en algunos casos puede ser considerable. Algunos de estos medicamentos son ciertos tipos de antiinflamatorios, anticonvulsionantes y antiepilépticos, hipolipemiantes, metrotexato, antihiperglucemientes, anticonceptivos orales, diuréticos y antibióticos.

Ante la más mínima duda de estar padeciendo un déficit de ácido fólico, sea cual sea el motivo, lo más recomendable es acudir a un especialista del sector.